Reír juntos fortalece los equipos, rompe el hielo y hace más agradables las jornadas de trabajo. Una conversación espontánea, una ocurrencia o una broma compartida pueden convertirse en momentos que unen a las personas y crean un ambiente de confianza.
Sin embargo, el humor también implica una responsabilidad. No todas las personas reciben un comentario de la misma manera ni todas las bromas generan el mismo efecto. Lo que para alguien puede ser una expresión de cercanía, para otra persona puede resultar incómodo, ofensivo o hacerla sentir expuesta.
Por eso, más allá de la intención con la que se hace un comentario, vale la pena reflexionar sobre el impacto que puede tener en quienes nos rodean. Una cultura del buen trato también se construye cuando somos conscientes de que el respeto y la empatía deben estar presentes incluso en los momentos de humor.
Un chiste que no da risa
Lo que para una persona puede ser un chiste, para otra puede convertirse en una experiencia incómoda o dolorosa.
En muchos espacios de trabajo existen comentarios que se justifican con frases como “es molestando”, “no lo tomes personal” o “siempre hemos hablado así”.
Sin embargo, las burlas sobre la apariencia, la edad, el género, la forma de trabajar o cualquier característica personal pueden afectar el bienestar y hacer que las personas se sientan excluidas o poco valoradas.
El humor puede acercarnos, pero nunca debería construirse a costa de la incomodidad de alguien más.
Antes de hacer un comentario, piensa:
- ¿Todos se reirán o alguien puede sentirse afectado?
- ¿Diría lo mismo si esa persona no estuviera presente?
- ¿Estoy generando un ambiente de confianza o de incomodidad?
El respeto también se demuestra en las palabras que elegimos.
Cuando una broma deja de ser divertida para quien la recibe… eso está fuera de cámara.
En Canal Capital la comunicación también se cuida fuera de cámara.
